PADRES EN GUERRA

Por Raquel Putin, psicóloga infantil de Cos Vital.

En numerosas ocasiones me encuentro en consulta padres separados, que están muy preocupados porque sus hijos tienen comportamientos que no entienden, consideran que están excesivamente rebeldes y además este comportamiento se suma en la escuela, hecho que hace que las notas vayan disminuyendo progresivamente.

Siempre es importante tener en cuenta el núcleo familiar, para poder conocer lo más ajustadamente posible cuál es la realidad y el día a día con el que el/la menor se encuentra. En el caso que los padres estén separados, siempre me pongo en contacto con las dos partes, ya que mi principal objetivo es el bienestar del menor, y por lo tanto debo conocer las dos caras de la moneda. Una vez ya tengo esta parte resuelta, empieza el tratamiento con el menor, y poco a poco se va avanzando en la intervención. Una realidad con la que me encuentro, y la que cada vez son más casos los que se van repitiendo, es en los casos donde hay un conflicto parental, en los cuales el niño/a se encuentra en el medio, y como resultado es el que más sale perjudicado.

Ante tal situación, siempre opto por mediar entre los padres, para ver si haciendo de intermediaria las cosas se van relajando, y conseguimos que todo se vaya calmando, y que su hijo/a pueda ver que sus padres se pueden comunicar, y no tienen la necesidad de estarse faltando al respeto. Porque aunque se piense que los niños no se enteran de nada, se enteran de mucho más de lo que los padres se puedan llegar a imaginar, por lo tanto si alguien detecta que está llegando a ese punto con su ex pareja, cuanto antes se pongan en contacto con un profesional mejor para su hijo/a. En el caso que fracasara como intermediaria entre los padres, el siguiente paso que hago es una mediación familiar.

 

 

La mediación se presenta como un espacio libre, donde cada uno podrá expresar libremente su opinión, cuya finalidad es llegar a un acuerdo y cuyo objetivo fundamental es el bienestar del menor. Normalmente esta mediación pasa por distintas fases:

  1. Donde los progenitores se dicen el uno al otro, lo mucho que se odian, lo mal que hacen de padres.
  2. El momento de las rencillas del pasado y los recuerdos. Donde ambos recuerdan aspectos que les ha molestado del uno y del otro.

Pasadas estas fases, las cuales son bastante tediosas, entre todos hacemos el ejercicio de centrarnos en el aquí y el ahora, que es lo que cuenta, y que si ambos están en la mediación es porque quieren cambiar cosas, por lo tanto tendemos la mirada hacia el futuro y allí es cuando se abre la primera pequeña brecha de luz.

Se tratan aspectos tales como la comunicación de ambos, formas de comunicarse alternativas, puntos de encuentro para pactar la recogida de los menores, etc. De esta forma, aspectos rutinarios dejan de convertirse en focos de conflicto para convertirse en actos absolutamente normalizados.

Una vez superadas con éxito las 2-3 sesiones de mediación, juntamente con el seguimiento psicológico que se le continúa haciendo al menor, los padres ven sorprendidos un cambio en la actitud de sus hijos. Esto se debe a que los menores, cuando sus padres “están en guerra”, se sienten muy absorbidos por la situación y focalizados en el conflicto parental, y eso les influye en su desarrollo cognitivo y comportamental, hecho por el cual la escuela es un ámbito de su vida el cual se ve afectado.

Por lo tanto, des de este artículo hago un llamamiento a todos los padres para que dejen de “estar en guerra”, y si por el contrario alguno cree que no es posible cambiar tal situación, sugiero que contacten con un profesional.

Por Raquel Putin, psicóloga infantil de Cos Vital.

Written by Mónica Moreno Vila