noviembre 13, 2020 FISIOTERAPIA No hay comentarios

Lesión de meniscos o Meniscopatía de rodilla.

 

 

Por Francisco Garcia Siles, Fisioterapeuta en Cos Vital.

 

Los meniscos son dos estructuras de cartílago que se encuentran en la articulación de la rodilla, dónde se contactan la tibia con el fémur y su función es amortiguar los impactos producidos al caminar, saltar, correr, bailar, etc. Distribuyen las cargas del peso del cuerpo respecto al suelo, haciéndola más estable y lubrica y nutre la rodilla evitando que se desgasten los bordes de los huesos con el roce y la fricción.

Hay 2 meniscos en cada rodilla, aunque hay más meniscos en el resto del cuerpo hoy nos centramos en estos. Uno está situado en la parte interna de la rodilla con forma de C y otro en la parte externa con forma de O.

Cómo nos causamos la lesión

A pesar de que los meniscos aguantan mucho movimiento y actividad a lo largo de nuestras vidas, podemos lesionarnos de los meniscos a causa de un mal giro de la pierna. cuando el pie permanece fijo en el suelo, comprimiendo el menisco (sobretodo el interno) demasiado hasta el punto de quebrarse o romperse. Otra forma de lesionarse los meniscos es al ponerse de pie bruscamente tras haber permanecido de cuclillas durante un tiempo. También pueden producirse por el envejecimiento del menisco, con los años se vuelven más rígidos soportando menos los impactos y las sobrecargas. Y por último se pueden lesionar por una mala posición o postura de las piernas, arqueadas o desvío de la columna vertebral, de la cadera o de los pies.

 

Tipo de lesión

Nos daremos cuenta que nos hemos lesionado los meniscos cuando al hacer el mal gesto de rodilla, notamos un crujido que se acaba hinchando y no podemos estirar ni doblar correctamente la rodilla. Al apoyar el pie en el suelo nos pincha o duele dentro de la rodilla y no podremos agacharnos ni ponernos de cuclillas. Si es por desgaste o sobrecarga, la sensación es parecida, cuando llevamos un rato caminando se nos hincha la rodilla y sobretodo nos duele cuando bajamos rampas o escaleras, provocando que la presión del peso del cuerpo golpee la lesión, luego también se hará difícil doblar o estirar del todo la rodilla. En casos graves el dolor es constante al caminar, esto se produce por que con la rotura del menisco también se ha podido desplazar de su sitio.

 

Diagnóstico

El diagnóstico de una meniscopatía o lesión de menisco debe realizarlo un médico especialista en traumatología aunque fisioterapeutas pueden orientarlo y valorarlo. Este diagnóstico se realiza primero explorando físicamente a la persona y valorando la rodilla con unas pruebas específicas que nos indica según su movimiento y palpación qué partes pueden estar dañas y diferenciarlo de otras posibles lesiones, como de ligamentos o tendones, además de poder hacer pruebas complementarias como una resonancia magnética o una artroscopia.

Según los resultados de la resonancia magnética o artroscopia, si da el caso en el que ven lesiones en los meniscos, entonces se clasifican o valoran en 3 grados.

  • Meniscopatía grado 1: Cuando la lesión es pequeña y se localiza bien el punto o zona lesionada.
  • Meniscopatía grado 2: Cuando la lesión es grande y existe una zona más afectada en el menisco.
  • Meniscopatía grado 3: Cuando hay una rotura completa del menisco, en dos o más puntos.

 

 Tratamiento

Una vez dado el diagnóstico se valora cuál es la mejor solución o alternativa para recuperar la movilidad o disminuir al máximo el dolor. En casos graves donde la lesión del menisco afecta varias áreas de la rodilla y nos limita la movilidad cuando el dolor es constante, ya sea por desplazamiento de algún fragmento de menisco, alteraciones del movimiento de la rodilla, pinzamiento de alguna zona de cartílago y alteración o inflamación de los tejidos de alrededor. En estos casos seguramente se optará por un tratamiento quirúrgico, se decidirá el tipo de cirugía que puede ser por artroscopia (es la más habitual) o mediante una cirugía abierta.

Cuando el caso de que la meniscopatía se produzca en la parte interna de los meniscos, al ser una zona de tejido vascular sin irrigación sanguínea (con poca sangre), será necesario el tratamiento quirúrgico para reparar el menisco realizando una meniscectomía parcial o total, es decir, eliminar o “limpiar” el cartílago, menisco o parte dañada que perjudica la recuperación de la rodilla.

Otros tratamientos más conservadores dónde no se hace cirugía es cuando la rotura afecta los bordes y no hay desplazamientos o zonas dañas del menisco, la cuál está vascularizada, es decir, tiene irrigación sanguínea y puede regenerarse y cicatrizar. La lesión permite recuperarse sin afectar al resto de la rodilla en su movilidad y dolor.

Actualmente, las nuevas tecnologías dan lugar a nuevos tratamientos y alternativas, como puede ser el ácido hialurónico o el plasma de uno mismo cultivado con factores de crecimiento. Tratamientos que no crean ningún rechazo por el cuerpo y acelera la recuperación porque baja la inflamación y estimula la regeneración.

Por último, el tratamiento fisioterapéutico se realizará en casos donde ha habido una lesión en la zona de los bordes del menisco ya que puede recuperarse gracias a su regeneración.

El tratamiento que hacemos es para asegurar una buena recuperación, es muy importante seguir unos pasos que ya tenemos muy estudiados y los dividimos en 3 fases:

– Fase 1: Sin apoyar la pierna. Durante los primeros 7 días después de la lesión o intervención, empezaremos con ejercicios suaves estirados en camilla o cama, sin mover la rodilla (isométricos) donde contraemos el muslo (cuádriceps), luego otros donde movemos el resto de la pierna, desde la cadera y luego el pie, esto favorece un mayor riego de sangre para la recuperación de la meniscopatía. Se pone hielo 15min 3 a 4 veces cada día y se venda la rodilla de forma que no impida una leve movilidad pero que la mantenga segura.

 

 

 

 

La segunda semana realizamos un masaje muy suave, drenaje linfático, para empezar a reducir líquido linfático que mantiene hinchada la rodilla, respuesta normal del cuerpo para curarse. Añadimos pequeños ejercicios sin apoyo pero empezamos a doblar poco a poco la rodilla, sin llegar a punto de dolor, sentados en una silla o en el borde de la cama. Día a día iremos ganando ángulo.

– Fase 2. Empezamos a apoyar el pie pero con ayuda de una muleta. Mediante los ejercicios empezamos a buscar los 90º de ángulo al doblar la rodilla. Y empezamos a trabajar la fuerza de apoyo del pie en el suelo que nos dará la estabilidad para cuando vayamos a caminar normalmente. Fortaleceremos el muslo y pantorrilla (cuádriceps, isquiotibiales y gemelos). Empezamos a caminar y dar pequeños pasos sujetos a barandas. Hacemos ejercicios moviendo la pierna en el aire en circulo y en cruz. Y hacemos puntitas para trabajar gemelos que nos mejorará la pisada.

 

– Fase 3. Recuperación de la fuerza muscular. Apoyo total de la pierna. Ya trabajamos la fuerza de equilibrio y control de los movimientos de la estabilidad de la rodilla y pierna en su conjunto. La movilidad de la rodilla al doblarla y estirarla tiene que ser sin dolor. Debemos preparar la musculatura para seguir el ritmo diario. Adaptar la rodilla para actividades con cambios de dirección en los traslados y añadimos pequeños ejercicios de leve impacto como subir escaleras, zancadas, paseos y juegos de equilibrio con un solo pie, por ejemplo: apuntar los 4 puntos cardinales con un pie mientras el otro mantiene el equilibrio y viceversa.

El tiempo de recuperación puede variar entre las personas, sobretodo por la edad, tipo de lesión del menisco, hábitos de vida, lesiones o enfermedades asociadas, como esguince, tendinitis, artrosis, artritis…

 

 

Por Francisco Garcia Siles, Fisioterapeuta en Cos Vital.

Written by Mónica Moreno Vila