Educación emocional.

Muchas veces me preguntáis en consulta qué debéis hacer para que vuestros hijos toleren mejor las frustraciones, para que no se bloqueen tanto ante un “no” y para controlar y sosegar esas grandes rabietas que les dan de vez en cuando. La respuesta la mayoría de veces no es tan sencilla, pero hay un concepto que siempre se repite: Educar en la empatía.

Como adultos no es que seamos precisamente expertos en reconocer y controlar nuestros sentimientos. Podremos decir que somos personas serenas y que se controlan, pero la verdad es que solo nos reprimimos y la mitad de veces ni siquiera entendemos lo que sentimos. Esto nos hace mucho más difícil entender las emociones de los demás y, como podéis imaginar, educar en las emociones a nuestros peques.

El primer paso para poder conectar con las emociones de los demás es aprender a diferenciar las nuestras. Hay personas que de manera natural o gracias al estudio y al autoconocimiento conocen bastantes emociones, pero si no es vuestro caso, una terapia de crecimiento personal os dará esos conocimientos que tan beneficiosos serán para vuestra vida. Además, si sois padres, como hombres os habrán enseñado a reprimir las emociones muchísimo más que a las mujeres y eso hace que muchas veces os veáis muy desbordados frente a las emociones de vuestros hijos.

Una vez conozcamos nuestras emociones nos será mucho más fácil entender la emoción que presenta nuestro peque. Y ahí entra la magia, porque eso nos va a permitir conectar con esa emoción y empatizar. Cuando reconocemos esa emoción podemos poner en palabras lo que el niño está sintiendo, y de esta manera, como si fuera un espejo, el niño aprende a diferenciar sus propias emociones.

Ejemplo: Ana está llorando porque quería ir al parque y está lloviendo y no se puede.

Si le decimos: -¿Estás triste verdad cariño? Tenías mucha ganas de ir al parque y no ha podido ser. Aunque vayamos otro día es normal que hoy estés enfadada y triste.

De esta manera la niña se calmará y entenderá que eso es lo que está sintiendo y está bien. Puede sentirlo y es aceptado. Y al relajar la intensidad de su emoción, con un abrazo y un cariño volverá a estar bien. Esto sería muy diferente si le hubiéramos dicho que no hace falta ponerse así y que ya iremos mañana. Porque a pesar de que eso sea verdad no va a conectar con lo que está sintiendo la niña. De esa manera no podrá entender que le pasa y no será capaz de calmarse, y seguramente el disgusto y el enfado durará mucho más.

La empatía es la puerta hacia la conexión con nuestros hijos. No necesitamos sentir lo mismo que ellos, solo entenderlos y ponernos en su lugar para que así ellos también puedan aprender.

Y por último pero no menos importante: Dejad sentir a los niños TODAS las emociones. Si no dejamos que sientan todo el rango de emociones no van a aprender a gestionarlas. Así solo conseguiremos tener adultos que tampoco sepan sentir y que no se entiendan. En nuestras manos está el dotarles de ese regalo: ser seres emocionalmente inteligentes.

*En este artículo se usa el término hijo/niños/padres para referirnos de manera global tanto a la población masculina como femenina y  está dirigido también a todos los tutores, abuelos o hermanos que crían a peques.

Por Raquel Ortiz Moreno, psicóloga infantojuvenil en Cos Vital. Máster en Psicología Clínica Infantojuvenil y en Psicopatología Infantojuvenil. Postgrado en Atención Temprana y Diagnóstico Precoz. Creadora de la plataforma de divulgación PASOS DE GIGANTE psico (IG: @pasosdegigantepsico).

Written by Ruth Moreno Vila