Por Sara Pardo Osuna, logopeda en Cos Vital, especializada en el desarrollo del lenguaje y graduada en magisterio con mención en audición y lenguaje.

 

La palabra que leemos en el título de este artículo, cada vez la oímos más en nuestro día a día.

La mayoría de las personas han escuchado, al menos una vez, la palabra dislexia y aun que no
sepa con exactitud a qué hace referencia, saben corresponderlo con algo relacionado con el
aprendizaje o la educación.

A grosso modo, sí está relacionado en este ámbito, pero ¿realmente sabemos qué es y cómo
afecta a las personas que la padecen?

Empezamos con la definición de dislexia la cual es «un
problema de aprendizaje específico de origen
neurobiológico. Se caracteriza por dificultades en el
reconocimiento preciso y/o fluido de las palabras y por una
escasa capacidad de deletreo y decodificación. Estas
dificultades suelen ser el resultado de un déficit en el
componente fonológico del lenguaje que suele ser
inesperado en relación con otras capacidades cognitivas y
con la provisión de una enseñanza eficaz en el aula. Las consecuencias secundarias pueden
incluir problemas de comprensión lectora y una experiencia lectora reducida que puede
impedir el crecimiento del vocabulario y los conocimientos previos.» (Asociación Internacional
de la Dislexia, 2002).

Hoy en día la investigación sobre la dislexia sigue siendo uno de los motores principales para
saber como actuar delante de este problema específico del lenguaje. Esos estudios están
relacionados con la identificación temprana y los tratamientos más efectivos para ello. El
desarrollo de la dislexia está relacionado con la dificultad para procesar la ortografía o forma
escrita y la fonología, referente a la estructura del sonido.

Hablando de las diferentes afectaciones en la dislexia que hemos introducido en el párrafo
anterior en los aspectos ortográficos y fonológicos, cabe decir que hoy en día en el ámbito
educativo se puede hablar de dislexia de desarrollo o dislexia evolutiva. Se puede identificar
una tercera, la dislexia adquirida, pero ésta, está directamente asociada tras una lesión
cerebral en las áreas encargadas del proceso en la lectoescritura.

Aun que existan diferentes y múltiples clasificaciones para la dislexia, finalmente la
clasificaremos en dos tipos de dislexia según la ruta de procesamiento o acceso al léxico dónde
están afectadas dos tipos de rutas. Por una parte, tenemos el mal funcionamiento de
la ruta fonológica, la cual se identifica con
dislexia fonológica o indirecta. Esta vía indirecta
utiliza la conversión o identificación del grafema (la
letra) y el fonema (el sonido) para poder acceder al
léxico. Lo qué quiere decir que este tipo de
dislexia dificulta que la persona pueda leer
palabras largas, poco frecuentes, palabras
funcionales y la imposibilidad de leer
pseudopalabras (palabras no
reales), dónde la mayoría de veces en dicha lectura, suelen tener muchos errores visuales y
eso les provoca que sobreeinterpeten (lexicalización) la palabra que leen. Por ejemplo, si están
en lectura de pseudopalabras y una de ellas es “mapirosa”, leerán “mariposa”.
Por otra parte, en la lectura de palabras que les sea familiar, obtendrá un mejor resultado.

Luego nos encontramos con el mal
funcionamiento de la ruta visual, directa o
léxica, dónde la persona que la padece no tiene
muchas dificultades en la lectura en el
momento de la identificación del grafema-fonema en las palabras regulares, pero sí
tendrá grandes dificultades en las palabras
irregulares. A este tipo de dislexia se le llama
superficial. Suelen tener muchos problemas de omisión, sustitución o adición de letras. A más a
más, como normalmente se guían por la información auditiva que reciben de la palabra,
suelen confundir mucho las palabras homófonas y tener errores en la ortografía arbitraria.

Por último, podemos encontrar casos con dislexia mixta, es decir, se encuentran
características de las dos anteriores en las dificultades de dicha persona. Estas dificultades
provocan que tengan errores en lecturas de palabras y la sustituyan por otra que no tiene
ningún parecido visual pero sí semántico.

En resumen, aún que tengamos estas definiciones tan marcadas, no hay que fijarse de manera
estricta en todas y cada una de esas características. Cada persona es un mundo y eso hace que
cada dislexia sea diferente. Esta clasificación nos ayuda a las y los profesionales a tener una
base de identificación de las dificultades para saber desde dónde empezar y poder establecer
los mejores objetivos que ayuden a mejorar a aquellas personas que presentan dislexia.

 

 

 

Written by Mónica Moreno Vila